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conflictividad tributaria y efectos

Instagram borra del muro de un usuario una foto de cocido gallego: a propósito de Hacienda y el Big Data

Los algoritmos del súper computador determinaron que la imagen contenía ‘violencia gráfica’ contraria a los protocolos de la plataforma

Hace quince días la Voz de Galicia se hacia eco con asombro de esta noticia. Un paisano de Ourense tenía por costumbre desde hace 5 años subir a su muro el primer cocido de temporada servido por su madre. La foto le fue borrada por los algoritmos de computación y matemáticos del servidor de Instagram. En la imagen se veía una fuente conteniendo verduras, patatas, garbanzos, carne de cerdo y, por desgracia para el fotógrafo, el inevitable chorizo que incluye un buen cocido gallego.

Quiso la providencia que ese mismo día leyese en Expansión otra crónica que llevaba por título: “Ofensiva de Hacienda con ‘big data’ contra el fraude de multinacionales”.  Y en un recuadro más abajo: “Los grandes patrimonios, los primeros bajo el foco”.

Decía la crónica que “Hacienda va a someter a las multinacionales a su poderosa herramienta de big data en su lucha contra la elusión fiscal de las grandes empresas. La Agencia Tributaria ultima la creación de un mapa de riesgos fiscales de las multinacionales que constará de 16 indicadores con el fin de luchar contra la erosión de bases imponibles en España y el traslado de beneficios a jurisdicciones de baja tributación.

Fuentes conocedoras del proyecto explican que se basa en la aplicación de la poderosa herramienta informática que el Fisco ya ha empleado con los grandes patrimonios. El control de la Agencia Tributaria sobre los grandes patrimonios ha dado un salto cualitativo con la creación de la Unidad Central de Coordinación del Control de Patrimonios Relevantes, que comenzó a funcionar a finales de 2018. Esta Oficina ha dado un giro copernicano a la investigación de patrimonios relevantes gracias a una poderosa herramienta informática de big data que no pone límites a los contribuyentes que pueden ser objeto de comprobación, ya que son investigados por el nivel de riesgo fiscal que se les determine, y sólo subsidiariamente por el importe del patrimonio calculado”.

Y continuaba: “Se pueden seleccionar, por ejemplo, contribuyentes con X patrimonio neto en un año y que dos años después han reducido su patrimonio en un XX%, al tiempo que en ese mismo periodo el patrimonio de su familia se ha multiplicado por X (es decir, que probablemente han transferido su patrimonio a su familia). Los resultados se integran en las herramientas de análisis corporativas, permitiendo acceso a los inspectores a quienes compete, que pueden conocer la totalidad de empresas participadas, qué empresas están controladas en más del XX% por una persona física a través de empresas interpuestas, la diferencia entre el valor declarado en el Impuesto sobre el Patrimonio y el calculado mediante la herramientainformática, o qué contribuyentes declaran menos de X euros de base imponible en el IRPF y, sin embargo, su patrimonio societario es de decenas de millones”.

 En matemáticaslógica, y ciencias de la computación y disciplinas relacionadas, un "algoritmo" del latín,  algorithmus y del griego arithmos, que significa «número»  es un conjunto de instrucciones o reglas definidas y no-ambiguas, ordenadas y finitas que permite, típicamente, solucionar un problema, realizar un cómputo, procesar datos y llevar a cabo otras tareas o actividades.

Desmitificando el asunto, un vulgar manual de instrucciones se compone de algoritmos. Si ustedes se compran una lámpara halógena y algún día se les funde, encontrarán esta ayuda en el manual de instrucciones:

algoritmo

Esto es un algoritmo. Básicamente, pues, según Expansión, los inspectores de Hacienda dispondrán en breve de unas instrucciones precisas y exactas para cambiar la lámpara.

¿Por qué digo esto? Pues lo digo porque no es la primera vez que me dirijo a un inspector de Hacienda y me contesta un algoritmo. Siempre cuento en mis charlas una anécdota de hace años, cuando Hacienda, dispuso de su primer primitivo algoritmo que llamó ‘Paralela’.

Un cliente mío adquirió en subasta varias plantas de subsótano de un edificio destinadas a garajes; más en concreto unas 200 plazas de garaje. El adjudicatario Ingresó el IVA autorrepercutido en sustitución del promotor ejecutado y en el trimestre siguiente lo contabilizó y declaró como soportado, de acuerdo con la antigua normativa que todos ustedes recordarán, solicitando su devolución en enero del ejercicios siguiente. Recibí una ‘paralela’ denegando su devolución porque de acuerdo con el destino previsible, la venta subsiguiente no estaría sujeta al IVA por ser segunda transmisión y por consiguiente la cuota repercutida no sería deducible. Por último afirmaba “Si durante el periodo de regularización éste cambia, será en el momento de ese cambio de destino cuando proceda la rectificación de las deducciones iniciales”.

En mi escrito de alegaciones invoqué las sentencias Rompelman, asunto 268/83, Inzo, asunto C‐110/94, Gabalfrisa, asunto C‐110/98, Fini H, asunto C-32/03, todas con nulo éxito: el ordenador me contestó que se desestimaban mis alegaciones, pero que “Si durante el periodo de regularización éste cambia, será en el momento de ese cambio de destino cuando proceda la rectificación de las deducciones iniciales”.  No recurrí con la certeza de que en poco tiempo se transmitiría en globo esos sótanos a otro empresario renunciando a la exención del IVA y, en ese momento, se alteraría el destino previsible determinado por la Agencia. Y así fue.

Presenté nueva liquidación a devolver y recibí una nueva paralela afirmando que el IVA no era deducible porque el destino previsible era la realización de operaciones exentas, pero que “Si durante el periodo de regularización éste cambia, será en el momento de ese cambio de destino cuando proceda la rectificación de las deducciones iniciales”.  Inmediatamente alegué que ese destino ya había sido alterado al ser el bien transmitido repercutiendo IVA y aporté copia de la escritura de venta y de la factura. Recibí liquidación provisional corrigiendo mi solicitud de devolución, desestimando mis alegaciones y añadiendo que “Si durante el periodo de regularización éste cambia, será en el momento de ese cambio de destino cuando proceda la rectificación de las deducciones iniciales”. 

En ese memento me puse alerta, convencido de que H.A.L, como llamaba Kubrick al peligroso ordenado de abordo en ‘2001, una odisea del espacio’[1], me tenía entre ceja y ceja. Recurrí en reposición insistiendo que ese cambió previsible ya había tenido lugar. Que los bienes en cuya adquisición se soportó IVA ya habían sido transmitidos repercutiendo cuota de IVA y por tal motivo el IVA soportado en su adquisición había adquirido la condición de deducible. El recurso de reposición fue desestimado pero, no obstante, se me recordó que “Si durante el periodo de regularización éste cambia, será en el momento de ese cambio de destino cuando proceda la rectificación de las deducciones iniciales”. 

 Entonces comprendí que el H.A.L de H.E.L.L. venia a por mí. Quería expulsar mi cuerpo de la nave a la inmensidad del espacio exterior y apoderarse de mi alma. Le escribí al Sr. Delegado de Hacienda, quien firmaba el escrito redactado por H.A.L. que él era para los empresarios “una absoluta calamidad, como el cáncer, el corazón o la carretera, o incluso, como la pérdida sobrevenida de un hijo, para un padre”.

 Yo acudí al Consejo de Defensa del Contribuyente, en tanto que el Sr. Delegado de Hacienda lo hizo a la consulta del psiquiatra de MUFACE, quien le recetó unas pastillas para los nervios. A mi me contestó el CDC, a la sazón presidido por Doña María Teresa Soler Roch, quien no sólo no me dio la razón, sino que me llamó maleducado[2].

¿Saben como me quedé? Me quedé atribulado, al igual que mi paisano de Ourense, cuando su muro de Instagram se fundió en negro y desapareció el cocido de su madre. Entonces el H.A.L de Instagram le mandó este mensaje:

«No aceptamos  cosas como violencia gráfica, lenguaje que incita al odio, acoso ni bullying ni desnudos ni actividad sexual». En circunstancias como esta, en Galicia decimos ¡manda carallo!

Por eso, digo yo, que la inteligencia artificial está muy bien. Los algoritmos están muy bien. Pero los contribuyentes no son chorizos. En muy raras ocasiones el procedimiento se dirigirá contra un chorizo, y sólo se convertirá en chorizo tras un proceso sometido a los principios y garantías que rigen nuestro procedimiento penal. Por eso están muy bien los algoritmos… siempre que el procedimiento lo impulse un funcionario con sólida formación jurídica y, por qué no, también humanística. 

Antón Beiras Cal

Economista. Auditor. Abogado Tributarista


[1] Cuenta la leyenda que Kubrick intentó llamarle al jodido ordenador, “IBM” y, que ante las amenazas de la multinacional, optó por un acrónimo compuesto por las letras inmediatamente anteriores en el orden del abecedario a la I, a la B y a la M.
[2] Debo decir en honor a la verdad que en la subsiguiente reclamación al Tribunal E.A. de Galicia, se estimó mi reclamación anulando de plano esa estrafalaria liquidación.

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