Novedades sin ilusión

Iniciamos el año con la mirada puesta en los atolondramientos del desgobierno de España en los últimos días de 2022.

Encendemos el ordenador y leemos las dudas que todos tenemos respecto a la constitucionalidad de algunas de las medidas adoptadas. Y de cómo se implementan otras de las que ni siquiera los que la han hecho a día de hoy tienen claras. No sabemos por qué legislan tan mal, ni entrenando podrían imaginar un resultado tan nefasto.

No sabemos esas malas consejeras, las prisas, y ese ánimo  de vaciar los bolsillos de los contribuyentes que cumplimos, por qué se juntan en vez de tener una visión más holística y dedicar tiempo a introducir mejoras que son necesarias en nuestro sistema. Que paguemos todos en un entorno que sea comprensible y que veamos que nuestro dinero va a algún sitio que sea provechoso, que vaya a las familias de los españoles y no a las familias de los políticos españoles. Que ayudemos a quien lo necesite, no a esos que salen en los periódicos continuamente con patrimonios que no sabemos de dónde salen. Solo lo intuimos.

Estos días viendo por dónde deben ir los derroteros de nuestros clientes en 2023 y tratando de ajustar la economía de opción de aquellos que aún tienen algo de patrimonio pensaba en el absurdo que es tener normas vigentes en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones que datan de 1987 y que algunas aclaraciones  a la misma estén en un Real Decreto de 1999 (RD 1704/1999), en el que hay muchas cosas derogadas o sin valor. Vaya, que hay que hacer un tetris con no pocas posibilidades de equivocarte. No es fácil acertar para cualquier persona que intente hacerse una idea de qué cosas puede hacer con su patrimonio y su sucesión. Y las normas no están actualizadas ni en este momento se las espera, ni son claras ni son naturales para la comprensión de mi vecino, no el de mi cardiólogo. Un desastre, por ser amable. Cuando la mejor asociación de fiscalistas (AEDAF) organiza alguna sesión de Patrimonio y Sucesiones nos convoca y acudimos en persona o virtualmente varios cientos de compañeros, todos muy buenos. Y yo también acudo. Y hay dudas, demasiadas y, si las hay, es porque en los procedimientos en muchas ocasiones van a salto de mata. Muy triste.

Y en estas que empezamos el año con el nuevo impuesto al plástico (envases de plástico no reutilizables o de un solo uso), que si bien deben satisfacer las empresas acabaremos pagándolo todo hijo de mecánico. Y con una cantidad de imprecisiones que los clientes se vuelven locos mientras nos llaman y estamos atendiendo a otros clientes que no dan crédito a lo que leen. Somos el único país de la Unión europea que va a pagar por esto, menudo mérito. Del Impuesto a las Grandes Fortunas ya hemos hablado, y con pesar, ya nos encargaremos los asesores de que sea temporal y de que les devuelvan a nuestros patrocinados aquellos euros que están por demás. Ése es mi propósito fiscal 2023, y por él me esforzaré. Que seáis muy felices.

Carlos Romero Plaza

Abogado Tributarista. Socio Director de Arttax Abogados

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