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falta de empatía y fiscalidad

La falta de empatía agudiza las consecuencias negativas provocadas por la crisis del Covid-19

Me encuentro escribiendo este artículo habiendo transcurrido ya un mes desde que se iniciase el confinamiento de todos los españoles como medida de contención frente al avance del coronavirus. Queramos o no, el tiempo siempre pasa, teóricamente siempre nos han dicho que no hay nada que el tiempo no cure. Y con el tiempo, se van sucediendo las medidas de toda índole que supuestamente van encaminadas a frenar las consecuencias negativas provocadas por el Covid-19.

Me resulta imposible tratar otro asunto que no esté estrictamente relacionado con esta pandemia. Perece, que el resto de asuntos tributarios que solemos tratar en estos foros han quedado en un segundo plano. El Covid-19 lo acapara todo, por lo que me voy a permitir realizar una breve reflexión sobre las medidas tributarias de urgencia que se están adoptando.

 Para analizarlas debemos situarnos desde el prisma de la empatía. La Real Academia Española define ésta como[1]:

  • 1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien.
  • 2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

La empatía, es, en definitiva, la capacidad del ser humano de ponerse en la piel de otra persona y de entenderla.

 En situaciones tan difíciles como en la que nos encontramos, la empatía es la que debe impregnar al conjunto social, para que seamos capaces de tomar decisiones pensando en cómo deben sentirse nuestros amigos y vecinos y en los motivos por los que su salud depende de que nosotros nos quedemos en casa.

 Un mes después de este confinamiento, podemos afirmar que la sociedad española sí es empática y ha decidido, por un bien superior al propio nuestro, cumplir con esta cuarentena.

 Sin embargo, esta afirmación no es extrapolable a las decisiones gubernamentales adoptadas en materia tributaria. Centrándonos en estas medidas, merece especial referencia hablar de los plazos para la presentación de las declaraciones y autoliquidaciones.

Con la declaración del Estado de alarma por el RD 463/2020, se estableció en su Disposición adicional tercera la suspensión de los términos y plazos administrativos desde el 14 de marzo. Aquí, y por un breve periodo de tiempo, empezó una labor interpretativa insólita por parte de los asesores fiscales, pues nunca nos habíamos visto en una situación de este calibre. Tratábamos de discernir si la suspensión de estos plazos administrativos incluía la presentación de recursos, reclamaciones, declaraciones y autoliquidaciones tributarias. Hay quien intentó contactar con Nostradamus, un disparate vaya.

El Derecho Tributario es una rama del Derecho Administrativo, aplicándose de manera supletoria las normas reguladoras del procedimiento administrativo común. Sin embargo, con el RD 465/2020, que entró en vigor el 18 de marzo, se quiso zanjar cualquier duda al respecto. Este RD modificó la Disposición adicional tercera del RD 463/2020, añadiendo (entre otros) un apartado 6 en el que se indicaba de manera expresa que la suspensión de los plazos administrativos no resultaba de aplicación a los plazos para la presentación de declaraciones y autoliquidaciones.

Los asesores fiscales no dábamos crédito. No cabía en nuestras cabezas que no se tomase ninguna medida encaminada a ampliar, aplazar o suspender el plazo de presentación de las declaraciones y autoliquidaciones tributarias. ¿Cómo íbamos a confeccionar los modelos? ¿Cómo iban nuestros clientes a proporcionarnos la información si salvo que su actividad fuese declarada como esencial tenían prohibido acudir a sus puestos de trabajo? Y, además, tanto ellos como nosotros arriesgamos nuestra salud saliendo de casa. Los países de nuestro entorno lo vieron rápido y aplazaron enseguida.

Los profesionales de este sector nos vimos obligados a explicar a nuestros clientes que, en principio, no había ninguna medida tendente a aliviar sus obligaciones fiscales, al menos las formales. Y que debían remitirnos toda la información en la medida de lo posible para que procediésemos a la confección de los declaraciones y autoliquidaciones. Teniendo especial incidencia todas aquellas obligaciones trimestrales, cuyo plazo de presentación vencía el 20 de abril, en pleno estado de alarma. Pero cuyo plazo de domiciliación era todavía inferior, hasta el 15 de abril. Les intentábamos transmitir una tranquilidad, en una situación de incertidumbre en la que nada resulta seguro y de la noche a la mañana todo cambia. Y a veces incluso minutos antes de la medianoche.

Y es aquí cuando empezó a manifestarse esa falta de empatía en la toma de decisiones tan trascendentales como las que nos ocupa. Si se hubiesen puesto en la piel de los contribuyentes e intermediarios y se hubiesen sopesado las posibilidades reales de que efectivamente éstos diesen cumplimiento efectivo a sus obligaciones tributarias, seguramente las decisiones adoptadas hasta el día de hoy hubiesen sido radicalmente opuestas.

Y digo hasta el día de hoy, porque en el próximo Consejo de Ministros que tiene lugar el 14 de abril de 2020, se debatirá si se amplía el plazo de presentación de las declaraciones y autoliquidaciones trimestrales. A 6 días del vencimiento del plazo de presentación de las autoliquidaciones trimestrales.

En principio, esta ampliación, de acuerdo con las declaraciones de la Ministra de Hacienda realizadas el pasado 10 de abril, será de un mes, esto es hasta el 20 de mayo de 2020. También, en principio, esta ampliación aplicará a empresarios y profesionales personas físicas (autónomos) y a Pymes. O no. No hay luz. Igual solo afecta a aquellas cuya cifra de negocio no supere los 600.000 euros.

Aquí se abre una nueva cuestión a la que todavía no podemos dar respuesta. ¿Qué va a entenderse por Pyme? Sabemos que el RDL 7/2020, que establecía la posibilidad de aplazar el pago de aquellas deudas cuyo plazo de pago en periodo voluntario abarcase del 13 de marzo al 30 de mayo siempre que éstas fuesen inferiores a 30.000€, se aplicaba a aquellas empresas con un volumen de operaciones inferior a seis millones de euros.

En ese sentido, cuando se anuncian las medidas destinadas al aplazamiento de las autoliquidaciones tributarias y se habla de pymes, ¿podemos entender que se incluyen a las empresas con un volumen de facturación inferior a seis millones de euros? O, ¿se restringirá la ampliación del plazo de presentación de las autoliquidaciones a mercantiles con un importe de facturación muy inferior?

Muy a nuestro pesar no podemos proporcionar la seguridad jurídica que los contribuyentes merecen. Y esto es lo mínimo que deberíamos poder ofrecerles en estos tiempos

De ahora en adelante, por el bien de nuestro tejido económico, empresarial y sobretodo social, porque no olvidemos que detrás hay personas, no empresas, esperamos que la empatía empiece a ganar peso en todas aquellas medidas de carácter económico que deban ser objeto de aprobación futura. Porque, como muy bien comentaba en unas publicaciones atrás el profesor Dr. García Novoa, es necesario que se tomen medidas en el ámbito tributario que permitan aliviar la carga impositiva de los contribuyentes. Si se pierde de vista las dificultades que éstos están afrontando, y las que están por venir, corremos el riesgo de colapsar. Y ya vemos en los informativos (internacionales) que colapsar no es bueno.

Laura Campanon Galiana

Abogada y asesora Fiscal


[1] https://dle.rae.es/empat%C3%ADa

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