
¿Reforma fiscal o debate social?
El Gobierno ha fijado ya sus prioridades en materia fiscal con la mirada puesta en modernizar el sistema tributario. No voy a analizar hoy las medidas anunciadas ya que la prudencia aconseja esperar a leer la propuesta en concreto. Sí que quiero hacer, no obstante, algunas consideraciones de tipo general.
He dicho en varias ocasiones que nuestro modelo fiscal está obsoleto y agotado. En esto, al menos, coincidimos con el diagnóstico que el Gobierno hace de nuestra salud fiscal. Donde intuyo que hay más discrepancias es en cómo abordar su modernización.
En efecto; el debate fiscal exige, con carácter previo, un debate sobre el modelo de sociedad que anhelamos y su posterior concreción en políticas públicas que se han de financiar con un modelo fiscal acorde con aquel.
Dependiendo de cuál sea, las necesidades de financiación son muy distintas. Si se opta por un Estado Benefactor, esto es, por el modelo sueco de los años 70 a los 90, las necesidades de ingresos son unas y, por cierto, muy altas; si el modelo de referencia es también el sueco, pero en su versión actual, las necesidades son otras muy menores; pero si aspiramos también a un modelo en el que la responsabilidad frente al individuo es, en primera instancia, de él mismo y, en su caso, de su familia, y es el Estado, y solo de forma subsidiaria, quien ha de responder frente a situaciones límites, las necesidades vuelven a ser distintas.
Así mismo, si optamos por una renta mínima básica y universal o, por el contrario, por una renta mínima limitada a los supuestos de exclusión social, las necesidades son también muy diferentes.
Por su parte, la política fiscal es también distinta si el mecanismo corrector de nuestras conductas es el incentivo fiscal o una educación de calidad focalizada en las virtudes.
Y así hemos de seguir hasta cerrar el amplio elenco de cuestiones importantes incluidas, claro está, la justicia, la economía el empleo, la vivienda, la educación, la seguridad jurídica, y un largo etcétera.
Y todo, obviamente, desde el posibilismo, pragmatismo y concreción, y sin olvidar la imperiosa necesidad de dar respuesta a los retos que el futuro nos depara: revolución tecnológica, robots, envejecimiento de la población, baja tasa de natalidad, alta tasa de paro, desigualdad social, etc.
Cerrado el modelo de sociedad, hay que cuantificar su coste, analizar sus consecuencias y contrastar su efectividad y sostenibilidad, sin olvidar que sin riqueza no es asumible ningún modelo de Estado social. Es pues imprescindible priorizar y fomentar su creación ya que, sin esta, no hay impuestos a recaudar y, sin estos, el gasto público no se puede sufragar.
Y así llegamos a la cuestión esencial que siempre se olvida: el gasto público. Bajo la premisa de la austeridad como valor, es imprescindible avanzar mucho más al respecto; en eliminar lo superfluo e innecesario; en evitar las duplicidades. En eso, intuyo, todavía hay mucho recorrido.
Hay que priorizar, también, su control por parte del Parlamento y el de sus desviaciones presupuestarias, que aunque pasen desapercibidas y sorprendentemente carezcan de consecuencias, no son menores.
Hay que focalizar la atención en analizar la eficacia de la desorbitante cifra de ingresos que se dejan de recaudar en concepto de ayudas, incentivos, reducciones, exenciones, bonificaciones y regímenes especiales.
Hay que centrarse, por tanto, en todo aquello que se puede optimizar; en aquellos mayores recursos cuyo origen no son mayores impuestos sino una política de austeridad, eficiencia y eficacia. Y una vez más, desde el pragmatismo y no desde el populismo.
En definitiva; igual que se incide en el fraude fiscal, hay que incidir también en el fraude en el gasto, esto es, en la asignación ineficiente e irresponsable de recursos. Todo céntimo de euro que por tal motivo se cobra de más al ciudadano, es sin duda un fraude al mismo. Y para ello es necesaria una política de verdadera transparencia basada en la ejemplaridad de la austeridad. Hay que transmitir al ciudadano los resultados concretos de las distintas políticas públicas, de sus costes y de su reparto real entre los ciudadanos. Con sencillez; con simpleza; sin abrumar. Pero de forma ejemplar.
Aun así, hay más cuestiones que abordar. La lucha contra el fraude exige centrarse de verdad en ella; cuestión que requiere un enorme esfuerzo de educación, ejemplaridad, convencimiento y coordinación internacional, además de mayores recursos y de adoptar todas las medidas de “reprobación social” que sean necesarias. En este sentido, tal vez hay que replantearse los pactos en procesos penales, la fiscalidad de los activos no productivos, y un largo etcétera que exige un amplio consenso o pacto social que solo es posible avanzando hacia una verdadera, sincera y honesta fiscalidad colaborativa o participativa, esto es, en la imprescindible colaboración público-privada.
Finalizado este proceso es cuando hay que hincar el diente al diseño del sistema tributario, y a los muchos problemas que su aplicación plantea, y, en definitiva, a cómo redistribuir el gasto público entre los diferentes ciudadanos, aspecto este, que es harina de otro costal y que hoy eludimos.
Me da pues la sensación de que estamos empezando una vez más la casa por el tejado, olvidando lo prioritario e importante, centrándonos tan solo en lo urgente, y evitando la necesaria concreción (y financiación) del modelo de sociedad al que aspiramos.
Antonio Durán-Sindreu Buxadé
Profesor UPF y Socio Director DS
Una vez más se habla en la política de iniciar una reforma fiscal. Al final, como casi siempre, quedará como una carretera parcheada, al principio funciona más o menos bien y con el transcurso del tiempo vamos dando saltos con el coche.
Estos políticos tratan, una vez, a la población como si fuéramos analfabetos. (Coincido en el análisis que hace Santiago).
Pués, después de haber asumido responsabilidad es en la Administración Local y después de 28 años dedicado a escuchar y testar la realidad empresarial, de esos EMPRENDEDORES Y PYMES que los políticos dicen que son la columna de nuestra economía , que después de haber sido cocinero antes que fraile, vengo a reclamar la LEGALIDAD DE LA EVASIÓN FISCAL EN SU JUSTA MEDIDA.
Y ¿por qué?, pues porque NO HAY AUTORIDAD MORAL suficiente en ninguna administración para INCAUTAR lo pocos bienes que los trabajadores, autónomos, pymes y demás emprendedores, somos capaces de generar.
Ninguna administración desde la Comunitaria a la Local, se ha ganado el derecho de incautar los frutos de nuestro esfuerzo.
La productividad en la administración es una ciencia que no se conoce ni se quiere conocer. Cualquier administración solamente conoce una parte de las variables de la ecuación, como son LOS INGRESOS, pero obvia deliberadamente EL GASTO.
Sin embargo, en cualquier otra institución fuera de la administración, desde la familia a las comunidades de vecinos , se conoce perfectamente que sólo debe gastarse en función a los ingresos . Y es sabido y aceptado ,que para contribuir a los ingresos de las instituciones no se pueden establecer aportaciones que impidan vivir dignamente a sus miembros e incluso cualquier asociación o institución incluso empresas, además, concede beneficios a los miembros que económicament e se encuentran en una situación difícil.
Pero no, la administración desconoce esa forma de actuar y aquellos que si la entienden en su vida personal, se olvidan de su aplicación cuando toman decisiones en su vida profesional en la administración.
Cuando es conocido que la administración soporta un coste en la adquisición de bienes y servicios un 67% por encima de la media de ciudadanos y empresas, cuando es conocido que la productividad de sus empleados no llega a un umbral mínimo, cuando es conocido que el volumen de empleados, asesores de todos los signos(véase los beneficios de los diputados europeos con viajes, personal a su cargo, salarios, dietas, funcionarios a su cargo, etc) sobrepasa excesivamente los límites que se imponen en otras instituciones y empresas, cuando aún disfrutando de la administración electrónica, los funcionarios y empleados públicos han aumentado, de forma contraria a lo ocurrido en las empresas privadas(ejempl o la banca) que prestan el mismo o mayor servicio con menores necesidades de personal, cuando el volumen de trabajo en la administración ha disminuido pues las empresas y ciudadanos están obligados a presentar su documentación en formatos digitales, cuando la administración DESPRECIA AL CIUDADANO Y LO CONSIDERA UN SER INFERIOR QUE MOLESTA AL PREOCUPARSE DE SUS ASUNTOS y los ciudadanos tienen la obligación de PEDIR AUDIENCIA PARA SER ESCUCHADOS (PEDIR CITA) . Cuando los ciudadanos perciben que la ecuación GASTOS/INGRESOS no es aplicada por las administracione s, entonces los ciudadanos tienen LEGÍTIMO DERECHO a equilibrar la ecuación y actuar en la variable de los INGRESOS, puesto que si ellos no actúan los funcionarios no van a actuar
Y... digo los funcionarios, porque hay que tener en cuenta que la SOCIEDAD CIVIL y PROFESIONALES ya no forman parte de la clase política; LA MAYORÍA DE LOS POLÍTICOS SON FUNCIONARIOS y por tanto legislan para defender su clan . Ese clan que les otorga privilegios y supremacía para exigir al resto lo que deben hacer, en teoría mirando por su bienestar, dado que los trabajadores, autónomos .emprendedores y pymes no están capacitados para dirigir su propios destino. ¡¡QUE SABRAN ESOS POBRES IGNORANTES, QUE HARÍAN SIN NOSOTROS(PIENSA N LOS POLITICOSYFUNCI ONARIOS)¡¡
PD: Entiendo por funcionarios, principalmente a los de alto rango, esos que tienen despachos en las plantas altas, que disponen de vehículo de empresa y chófer (prohibido en las empresas por Hacienda) y que nunca pagan una comida de su bolsillo.
Es por ello, que vista la evolución que he vivido en mis 24 años de profesión, no he visto que la tendencia haya sido hacia estos valores tan deseados y anhelados como la honestidad, sentido común, mesura, equidad y justicia, que debieran de estar presentes en una sociedad que quiera estar a la altura y como ejemplo para el mundo, ya que para ello debiera de empezarse la casa por los cimientos y no volver a construir la mansión por el techo (como muy bien refleja el refrán). Primero tenemos que crear ciudadanos hosnestos, autorresponsabl e, justos... y con el modelo educativo que ahora tenemos, la verdad... no tengo mucha confianza en ello.
Ya se han encargado ellos de cargarse el modelo eductivo, pieza angular de la contrucción de una ciudadanía con estos valores y si no que se lo digan a nuestros políticos a ver sus títulos cómo han sido conseguidos.....
Gracias de nuevo al autor por sus reflexiones.
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