
Algunas reflexiones de final de campaña de IRPF
¿Por qué cada año nos cuesta más confeccionar la declaración de la renta?
Hace una semana que terminó la campaña de declaración del IRPF 2025 y tengo la sensación de que cada vez sé menos sobre impuestos. Tras más de 10 años en esto, el sistema resulta cada vez más complejo.
Es cierto que contamos con herramientas de gran utilidad confeccionadas por la Administración tributaria para “facilitar” la cumplimentación de las autoliquidaciones del IRPF.
Sin embargo, ni la normativa fiscal -continuamente cambiante- ni los criterios interpretativos que nos vienen dados son lo suficientemente claros como para que un ciudadano medio que tenga algo más que un rendimiento del trabajo sujeto a retención, sea capaz de entenderla y confeccionar su autoliquidación de la renta sin errores.
Igual solamente me ha pasado a mí, pero parece que cada vez se emplea más tiempo en confeccionar una declaración del IRPF. Los requisitos para aplicar los beneficios fiscales, cualesquiera que sean, hay que mirarlos con lupa, no vaya a ser que se ingrese un euro de menos.
Las deducciones autonómicas tampoco ayudan a agilizar el proceso. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, se han aprobado numerosas deducciones vinculadas a la salud y determinadas prácticas que, en principio, deberían ser aplicables a un gran número de ciudadanos, porque en la terreta somos todos muy sanos y deportistas como es sabido. Una medida que es bienvenida entre la población, ahora bien, limitada a 150€ anuales, a determinados niveles de renta -que han sido incrementados con efectos desde 2025- y a que los pagos no se efectúen en metálico.
Para poder aplicar estas deducciones, se debe disponer de la factura, contar con el NIF del prestador del servicio y no haber satisfecho el importe en efectivo. Pero ¿esto qué implica? Burocracia, guardar y buscar papelitos de hace más de un año para deducirte como máximo 150 euros.
Y, además, penalizando a aquellos particulares que hayan satisfecho el importe en efectivo. Hasta 1.000€ no existe restricción de pago en metálico, pero la Comunidad Valenciana ha perjudicado a los pagadores en metálico sin calibrar las consecuencias. Personas de determinada edad no tienen tarjeta, ni se manejan fácilmente con bizum o transferencias bancarias. Pagos como el dentista, oculista o podólogo todavía los hacen en efectivo, como siempre se ha hecho. Estas personas, este año, no han podido beneficiarse de las deducciones autonómicas pese a haber soportado ese gasto, una pena.
Si lo que se quiere es realizar una rebaja fiscal significativa, que aplique a todos los contribuyentes y no se incrementen los costes burocráticos, perfectamente se puede rebajar la escala de gravamen autonómica de la base imponible general. Pero claro, aquí sí que se notaría la rebaja fiscal.
En su lugar se opta por políticas “bienquedistas” que “fomenten” el deporte, las prácticas saludables o la salud mental, aunque cuando te adentras en ellas te das cuenta de que realmente son medidas cuyo impacto es prácticamente nulo, pero el ciudadano digital se queda medianamente satisfecho de leer (en su móvil) que se ha podido deducir el gimnasio, siempre que haya pagado con tarjeta y tenga todos los justificantes pertinentes, claro. Quizá no le haga falta hacer pesas, puede cargar con todos los requisitos formales que ha de aportar y eso que se ahorra.
Legislar para adoptar medidas que tengan un impacto real en el ciudadano cada vez parece más una utopía. Nos movemos en una inseguridad jurídica brutal que por momentos me planteo si incluso es intencionada.
Si nos pregunta un amigo ¿puedo deducirme el gasto vinculado a un inmueble que tengo alquilado? La respuesta no es sencilla. Como expertos fiscalistas, nuestro amigo cree que va a obtener una respuesta clara y rápida, pero está muy equivocado.
Para analizar esta cuestión tendremos que ver: cuándo se hizo la reforma, en qué consistió, quién se la hizo, cómo la pagó y así podremos analizar si tiene la consideración de reparación o de mejora y en consecuencia, cómo debe deducirse a la hora de calcular el rendimiento de capital inmobiliario.
Las consultas de la Dirección General de Tributos en estos ámbitos se mueven en términos ambiguos, lo sabemos, dejando siempre la puerta abierta para no pillarse los dedos y que estas no puedan ser utilizadas de manera contundente por los contribuyentes. Que siempre quede la posibilidad de que sean utilizadas en su contra. “Vamos a sembrar la duda” parece siempre anunciar su coletilla final.
¿No sería posible simplificar las cosas? Humildemente pienso que claro que sí. Por supuesto, se podrían y mucho, pero no interesa.
Lo que interesa es seguir manteniendo un sistema en el que reine la inseguridad jurídica, con una política basada en el miedo, que entierre a los asesores en “papelitos”, en el análisis de requisitos interminables para aplicar una deducción de 150 euros que suene bien al pueblo, también a la ciudad, pero al mismo tiempo sin reducir ni un ápice la carga fiscal, cada vez más asfixiante.
Me he permitido estas líneas para hacer esta pequeña queja o desahogo, que poco o nulo impacto tendrá, pero que refleja un sentir de los humanos que vemos con frustración cómo el sistema juega en contra de los contribuyentes, sin que se pueda hacer nada para remediarlo.
Por eso, acabo la campaña y pienso: ¿cómo puede ser que cada año sepa menos de impuestos?
A esto me contestará la IA según cómo se lo pregunto, sin ningún criterio, si alguna persona me quiere contestar puede hacerlo por ahí abajo, en comentarios.
Laura Campanon Galiana
Abogada y asesora Fiscal
La elaboración de la Renta, profesionalment e hablando, se ha convertido en una tarea improductiva y desproporcionad a.
La actitud de la AEAT tampoco ayuda, ya que en la práctica, actuamos como trabajadores no remunerados de la Administración. Y digo no remunerados porque ni los clientes pagan lo que realmente cuesta este trabajo, ni la Administración reconoce el valor técnico que aportamos.
Quienes conocen formularios de renta de países vecinos saben perfectamente que no tienen ni una décima parte de la complejidad de nuestro modelo 100. No existen cientos de casillas, ni una maraña de anexos, subdivisiones, deducciones autonómicas, regímenes especiales, rendimientos irregulares, reducciones, mínimos, bases, compensaciones, arrastres, imputaciones… ni la obligación de revisar los datos precargados que llegan incompletos o directamente erróneos desde la AEAT.
Y lo más llamativo es que en varios países europeos, si la declaración la presenta un asesor, el plazo para presentar las declaraciones es mayor. Tiene toda la lógica del mundo. La Administración reconoce que el profesional aporta fiabilidad, revisión técnica y seguridad jurídica. Aquí, en cambio, se nos exige más, se nos responsabiliza más y se nos concede menos.
La Renta española se ha convertido en un ejemplo claro de cómo un sistema fiscal puede externalizar trabajo hacia los profesionales sin compensación, mientras mantiene una estructura normativa y técnica que no está pensada para la eficiencia ni para el ciudadano. Y, desde luego, tampoco para quienes la gestionamos día a día. La Administración tampoco parece tener en cuenta que miles de contribuyentes presentan su Renta —y la presentan bien— porque nosotros estamos detrás. Es trabajo profesional, revisión, criterio técnico y horas de dedicación que nunca aparecen en ninguna estadística oficial y nunca he escuchado ningún reconocimiento.
Quizá ya es momento de que esta situación se ponga sobre la mesa con claridad y que se reconozca el papel real del asesor fiscal en España.
Voy para 40 años ejerciendo la profesión (precisamente, en estos días he recibido un bonito metacrilato de la AEDAF conmemorando mis 25 años de asociado) y lo único que te puedo decir es que cada año que acaba la campaña de Renta me juro y me perjuro que es la última que hago. Y no es una frustración propia o personal; todos los Compañeros con los que hablo me dicen lo mismo, tal es el hartazgo de los profesionales que nos dedicamos a la material fiscal y tributaria.
El sistema está diseñado para que le hagamos el trabajo a la Administración Tributaria. La cantidad y precisión de la información que hay que reportar para que se validen los ficheros y poder presentar las declaraciones implica, de facto, una auténtica comprobación de la declaración, pervirtiendo un sistema que debería estar diseñado para facilitarle la vida a los contribuyentes y a los profesionales, lo que, en absoluto, se consigue.
Desde que empecé en esta profesión, se nos ha derivado a los profesionales y asesores una brutal carga de trabajo que ha dejado de hacer la Administración y que hacemos nosotros en su beneficio, cuyos costes son imposible (y diría que hasta inmoral) repercutir a los clientes. Y eso por no hablar de la perversa práctica de capar las opciones de aplicar otros criterios al confeccionar la declaración que no sean los que mantiene la propia Administración. Y a la amortización de los inmuebles adquiridos por herencia me remito, por ejemplo, hasta que el Supremo les obligó a dar su brazo a torcer y permitir en Renta Web amortizar estos inmuebles si estaban arrendados.
En muchas conversaciones informales con otros Compañeros y miembros de la AEDAF se ha comentado la posibilidad de que los asesores fiscales pongamos pie en pared y adoptemos medidas drásticas (¿una huelga, por ejemplo?). Hay que darle una pensada. Está claro que no damos este paso porque los perjudicados, en última instancia, serían nuestros clientes, que sufrirían las consecuencias de las iras de la Administración. Pero por nuestra dignidad y por la defensa de los derechos de los contribuyentes algo habría que hacer.
Si te sirve de consuelo, no estas sola en tu desazón y desánimo; así estamos todos los que hemos sufrido los rigores, un años más, de una nueva campaña de Renta.
Mucho ánimo y un fuerte abrazo desde Sevilla.
No voy a hablar de los vericuetos jurídicos, de las interpretacione s cambiantes o de esa agradable sensación de inseguridad que acompaña tanto al contribuyente como al profesional tributario. De eso ya sabemos bastante.
Solo voy a centrarme en responder a la pregunta: ¿por qué cada año cuesta más hacer la declaración de la Renta?
Es cierto, cada año cuesta más. La Renta no es solo un impuesto, es una complejidad, como la vida de cada contribuyente. Y cada contribuyente tiene la suya, con sus circunstancias personales, familiares, laborales y patrimoniales, que hay que encajar en una legislación que incorpora cada año nuevos "peros", excepciones, requisitos y matices.
Cuando crees que por fin dominas una cuestión, la consultas por prudencia... y descubres que ha aparecido una nueva interpretación, una nueva sentencia, un nuevo criterio o un nuevo "sí, pero...", "excepto que..." o "salvo si...". Y vuelta a empezar.
El trabajo, además, ya no consiste únicament e en confeccionar una declaración. Empieza mucho antes: explicar al cliente qué información puede ser relevante, resolver dudas, identificar sus circunstancias personales y familiares, solicitar documentación que muchas veces ni siquiera sabe que existe, comprobar que la aportada es la correcta y que no falta nada. Y cuando, por fin, la declaración está presentada, todavía queda explicar el resultado, justificar por qué sale a ingresar o a devolver, o más o menos que el año anterior, o aclarar por qué una deducción no procede o por qué otra sí. La Renta ya no termina cuando se pulsa el botón de «Presentar ».
El resultado es un puzle en el que nunca tienes la certeza de haber colocado la última pieza correctamente. No sería descabellado pensar que una misma declaración, revisada unos días después y con más tiempo para reflexionar, pudiera acabar con un resultado diferente.
Las deducciones autonómicas merecen un capítulo aparte. Cada comunidad añade su propia colección de requisitos, límites, incompatibilida des y documentos justificativos. Y conseguir que cada cliente aporte toda la documentación necesaria se parece cada vez más a superar una gymkana... con pruebas nuevas en cada edición.
Pero mi parte favorita llega con el formulario. Cada campaña aparecen más casillas, más preguntas y más datos que introducir. Más información, más posibilidades de error.
La Agencia Tributaria dispone de más información que nunca, pero alguien tiene que seguir tecleándola. Los antiguos "picadores de datos" desaparecieron hace años; se jubilaron y ya no queda ni uno. El problema es que el trabajo no se jubiló con ellos: ahora los picadores de datos somos los asesores fiscales...
Tengo la impresión de que la próxima novedad de la campaña será entregar un casco, un dorsal y un cronómetro para presentar la Renta. Porque, a estas alturas, hacer la Renta ya no es un trámite administrativo: es una disciplina de resistencia... y de supervivencia fiscal.
Gracias por tu reflexión, tras leerlo me viene a la cabeza una vez más la falta del sentido de responsabilidad que veo todos los días en los que gobiernan y la gente en general. Es terrible la presión fiscal que sufre la clase media que se disimula con pretendidas ayudas como la que comentas. Si se informara al ciudadano de todos los impuestos que ha pagado a fin de mes, otro gallo cantaría.
La respuesta a la pregunta "¿como puede ser que cada año sepa menos de impuestos?" creo que me la se, porque de eso se trata. Pero bueno no estoy seguro....
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