Los bingueros

La fiscalidad del juego adquiere especial relevancia, como dice el refrán, para los desgraciados en amores, básicamente por aquello de que hacienda somos todos, y porque nada nos complace menos que compartir con nuestros “allegados” conciudadanos una parcela, más o menos generosa, de nuestra suerte.

El tratamiento fiscal en el IRPF de las ganancias o las pérdidas derivadas del juego se diferencia claramente en función del origen del premio:

El primero de ellos y más indulgente a nivel impositivo, es el que proviene de loterías y apuestas organizadas por la Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado, sorteos organizados por la Cruz Roja Española, ONCE, etc.

Desde 2012, este tipo de premios “institucionales”, en su parte no exenta (a partir de 40.000), están sometidos a un gravamen especial del 20%, previamente retenido.

El segundo de ellos, más agresivo, suele estar vinculado al mundo online y se corresponde con las ganancias fruto de la participación en juegos de azar, apuestas deportivas, etc.

Este tipo de gratificaciones están sujetas a tributación, sin exención, y al tipo impositivo progresivo que corresponda en función de la renta del contribuyente, que podrá llegar hasta el 50%.

Centrándonos en esta categoría, la ley del IRPF aclaró, desde 2012, la posibilidad de computar las pérdidas sufridas con el límite de las ganancias obtenidas en el ejercicio, circunstancia que algunos tribunales admitieron en períodos anteriores a la reforma legal, sin necesidad de la citada enmienda.

Si bien el debate sobre las pérdidas computables ha pasado a mejor vida, siendo claramente aceptadas, ahora la discusión puede tomar otro rumbo, cual es la posibilidad de detraer de las ganancias obtenidas, aquellos gastos relacionados con los ingresos.

Estoy pensando en los gastos de los tipsters o pronosticadores.  Un tipster, o pronosticador deportivo, es alguien especializado en una determinada modalidad deportiva que recomienda apuestas para la gente que le sigue o contrata. Existen tipsters free, pero también los hay premium: profesionales que facturan por sus servicios, basándose en sus conocimientos, experiencia y resultados.

¿Hasta qué punto puede tener relación el gasto asociado a los servicios de un pronosticador o tipster profesional con el lucro que supone ganar una determinada apuesta?

Sin perjuicio de la problemática asociada a la normalización del juego, de lo más o menos simpáticos que nos puedan resultar los actores que intervienen en el mismo, o de las adicciones que pueda llegar a generar, no podemos ignorar las diferencias existentes entre los distintos juegos de azar, atendiendo a la habilidad del jugador, y a la fiscalidad de la operación.

Fiscalmente, no se puede equiparar la ganancia obtenida por Fernando Esteso y Andrés Pajares en “Los Bingueros” de la resultante de la intervención de un Matthew McConaughey como tipster, contratado por Al Pacino en “Apostando al límite”.

En este sentido, el hecho de acudir a un profesional especializado para obtener una mayor ganancia no resulta descabellado, como tampoco resulta desacertado querer limitar la ganancia tributable con motivo de esa intervención “necesaria”.

Este debate se podría asimilar, salvando distancias, al que existió durante mucho tiempo sobre la ganancia que suponía en el IRPF (para el litigante beneficiado) la condena en costas judiciales.

Cuantas veces se dijo que las costas, al no proceder de una transmisión, su cuantificación venía dada por el propio importe indemnizatorio de la condena en costas judiciales, sin minoración de gastos, en aplicación del artículo 34.1,b) de la Ley del Impuesto, integrándose además —desde su consideración como renta general— en la base imponible general.

Cuantas veces se dijo que los gastos propios, ocasionados por cada litigante a instancia suya, eran renta consumida, y por tanto no deducibles en su IRPF.

Pues bien, al final resultó que para determinar la posible ganancia patrimonial al litigante vencedor, debía permitírsele deducir los gastos en que hubiera incurrido con motivo del pleito calificables de costas.

Comentaba que el debate de las costas judiciales y el juego eran comparables, salvando distancias, pero visto con frialdad, no dista mucho el azar asociado al final de una demanda a través de LexNET de la suerte resultante de una apuesta a través de Bet365.

Cuantas veces nos habrán preguntado ¿Qué porcentaje de éxito, del 1 al 100, le ves al asunto?

Nuestros clientes, ganen o pierdan, no son bingueros. Nosotros los abogados somos, en muchas ocasiones, pronosticadores.

Oscar Masó

Abogado Fiscalista. 

Tributalhumor (@fiscalrespir) | Twitter

 

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La analogía entre los pronosticadores de apuestas (tipster) y el diario de la profesión fiscal me parece fantástica. Me la apropio. Felicidades por el articulo

M. Borja Fernández
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