Skip to main content

Algunas reflexiones

 Son estos días adecuados para parir ideas, o cuanto menos para pensarlas, no podemos agachar la cabeza y actuar como si aquí no pasara nada. Sí ha pasado. Ha pasado algo malo que se ha introducido en nuestras vidas (los que la conservamos, de momento) a una velocidad y con una gravedad sin precedentes. Sufrimos un vendaval esférico de desgobierno al que desde nuestras casas a duras penas podemos defendernos, más allá de cuatro caceroladas y cuarenta aplausos.

Y en estos días en casa se oye de fondo un rumor, y ese rumor es que van a subir impuestos. Una barbaridad para mis oídos. Y también para los de cualquiera. Cuando correteaba por la calle bien pequeño y con cierta libertad los españoles votamos la Constitución, norma suprema del ordenamiento jurídico. En ella encontramos que todos nosotros debemos pagar con arreglo a nuestra capacidad económica. Y estamos de acuerdo. A mayor capacidad económica, que se pague más. Correcto.

Parece que los que salen por la tele no se han parado a pensar que todos vamos a ser más pobres. Estamos caminando en una recesión desproporcionada, a nivel económico y a otros distintos. No es opinable, el mundo durante un tiempo va para atrás, entonces ¿cómo les pido a los ciudadanos que aún paguen más impuestos? Es innegable, no tiene sentido. Está claro que a partir de ahora y de manera transitoria (espero) nuestra economía está mermada, estamos peor que antes de que entrara en la piel ibérica la Covid19, no hay que ir a estudiar a Salamanca para darse cuenta de ello. Entonces la política debería ser la contraria, a menor capacidad menores impuestos. Es de cajón.

La subida de impuestos retrae el consumo, que ya de por sí va a quedar bastante tocado. Cuanto menores son los tipos impositivos, más aumenta la sensación de las personas de que deben contribuir. Porque la sensación de retorno del esfuerzo que hacen no siempre llega, esto ya nos lo sabemos. El Tribunal Constitucional en algunos casos extremadamente flagrantes ha intentado corregir, en cierto modo, los agravios que el sistema tributario realiza sobre la capacidad económica de los contribuyentes, recordemos la anulación parcial de la plusvalía municipal.

Sin embargo, el legislador se empeña continuamente en omitir el más alto principio que debe regir nuestro sistema y sigue exigiendo a los contribuyentes más impuestos de los que pueden pagar en relación con su capacidad económica. Ni una pandemia frena un afán recaudatorio que parece no tener fin. Y es que, como dice mi querido Carlos Herrera, cada día tiene su afán. Mire, como a éstos no les gusta pensar, y advirtiéndoles que llegarán tiempos y políticos mejores, ya que peores no se me ocurre, les ofrezco así en un “plis” unas ideas para no asfixiarnos fiscalmente; eliminar a políticos innecesarios que carezcan de formación o sentido común, a consejeros inanes de cajas, a chupópteros varios de empresas públicas que nadie sabe qué utilidad tienen, a demagogos oportunistas, a directivos ineptos, a especuladores, a supervisores miopes, a instituciones superfluas, a asesores que no sean expertos cuyo único mérito es ser amigo del político que le ha contratado o haber hecho una sentada o una okupación incluyendo resistencia a la autoridad, a creadores de aeropuertos vacíos, a comilones con tarjetas VISA que pagamos entre todos (que como personas también comerían, pues que se lo paguen de su sueldo) … tengo estas ideas, pero si no les gustan tengo otras….

 

Carlos Romero Plaza

Abogado Tributarista. Socio Director de Arttax Abogados