La motivación, concretando, resulta fundamental
Con qué gusto leo una sentencia de esta pasada semana en la que un TSJ le explica con tanto cariño como contundencia a la Administración los requisitos para proceder a derivar la responsabilidad al administrador de una sociedad vía el artículo 43.1 a).
La inspección consideró de que la sociedad dedujo como gasto determinadas operaciones que, en su opinión, son falsas. No hubo compra de maquinaria, por lo que no pudo haber transporte, no se ha acreditado el contenido ni pago alguno. La abogacía del estado dice que se especifica la conducta seguida por el administrador recurrente sin que se trate de meras referencias genéricas al deber del administrador, constando “acreditado de esta forma el nexo causal entre la comisión de la infracción y la conducta del administrador”. Pero esto nadie sabe por qué lo dice, ya que más bien parece un corta y pega utilizado en otras derivaciones, frases lanzadas a ciclostil.
La demandante alegó unas cuantas cosas, entre otras, que la administración concursal no detectó cuando tuvo que comparecer ante la inspección, poniendo como ejemplo, sangrante, que no aportó una factura de compra de una máquina que consta adquirida, pagada, reparada, transportada e instalada, habiendo declarado el vendedor el IVA correspondiente por dicha operación.





